martes, 8 de septiembre de 2009

Una cara del prejucio

A eso de las 8 de la tarde, pasamos caminando por la Pinacoteca y la imagen que allí había nos llamó la atención: una carpa…botellas de agua….un cartel de denuncia… un joven cansado y con un dejo de preocupación. Era un huelguista acompañado por su lucha y protegido por la ilusión. Llevaba ya dos días en su batalla. Nos preguntamos el por qué y decidimos acercarnos. Su mensaje era claro: "El miércoles 2 de septiembre (...) concurrí a mi clase de Biología Molecular (...) Al salir de esta clase, mi curso y yo nos encontramos de frente con un operativo en conjunto de nuestro sistema de guardia y las fuerzas especiales de Carabineros. Al dirigirme a la barra de la casa del deporte fui secuestrado por instrucción de uno de los funcionarios de nuestro sistema de guardias, F.F.E.E. de Carabineros que me trasladó en su micro a la Plaza Peru (...) Al encontrarme en libertad me dirigí a dejar constancia (...) en la central de guardia en donde el mismo funcionario, sorprendido ante la caída de su montaje no dudo en sacar su luma para agredirme. Entonces arranque hasta el laboratorio de computación en el segundo piso de la facultad de Cs. Naturales (...) En este lugar ante la mirada atónita de compañeros y compañeras (...) he sido golpeado a palos por un guardia que todos conocemos por su actitud violenta, apodado el Ronco"
La declaración continuaba, sumando tanto argumentos y pruebas a favor, como un claro sentimiento de injusticia...El joven en cuestión es Ricardo Cisterna, estudiante de Ingeniería Ambiental. Él, como mucho de nosotros, asiste a clases en la Universidad, y por sospechas injustificadas, vale decir, prejuicios, se vio involucrado en esta denigrante situación.
En este punto, cabe hacernos algunas preguntas: ¿nos puede ocurrir esto a nosotros?, ¿quién nos asegura el respeto hacia nuestra libertad?, ¿acaso no fue esto, una clara manifestación de abuso de poder?
Evidentemente, Rodrigo podría haber tomado acciones legales en contra de la Universidad o de los mismos efectivos, pero… ¿qué hubiese obtenido, además de un tapa boca? Mal que mal se enfrentaba a la prestigiosa Universidad de Concepción... Y más aún, al mismo estado... Quizás por esa razón, el hecho de entrar en una huelga de hambre sea una de las pocas vías realmente efectivas para obtener disculpas públicas. De esta forma, la Universidad se ve mucho más dañada, que a través de las corruptas y malolientes (y por sobre todo lentas e ineficientes) vías legales. Luego de esto, no podemos dejar de destacar el cómo la sociedad nos condiciona: Rodrigo, para ser escuchado no le quedo más opción que no comer. ..
No podemos mantenernos con la boca cerrada (literalmente) frente a temas como éste. No es posible que un compañero, que podría haber sido cualquiera de nosotros en cualquier universidad, sea golpeado injustamente y los agresores queden impunes. Los abusos de poder son explícitos… pero nos mantenemos callados... Rodrigo ha tenido la valentía de alzar la voz y ¿nosotros?, ¿nosotros nos quedaremos callados también?
Creemos que ha llegado la hora de hacer algo. Es necesario un cambio ideológico a nivel social, en el cual los líderes dejen de ser jefes y pasen a ser representantes de los intereses reales del pueblo; volver a integrar conocimientos, recurriendo al de los otros, para generar nuevas ideas y desarrollo; disminuir la sobrevaloración del formalismo y protocolo, dando prioridad al sentido común; pero por sobre todo, debemos generar respeto, libertad, tolerancia, justicia y hermandad, para que la sociedad se parezca más a una comunidad, donde la cohesión domine y no la separación impulsada por grupos puntuales, que a una selva donde sólo sobrevive el más fuerte , y para que no tengamos que recurrir a acciones como las de Rodrigo, víctima de prejuicios y sordera colectiva.

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