La información como medio de sabiduría ha abrazado todas las épocas, siglo tras siglo. Los humanos junto con su aprendizaje evolutivo, desde la formación del feto hasta la congregación de un organismo biológico complejo, han necesitado información para poder sobrevivir en la ciudad.
Los medios de comunicación masivos se han concentrado en la entrega “viable” de esta información y, las llamadas masas, la toman como segura y aplicable.
Sin embargo, ¿qué pasa cuando toda la información recibida está manipulada, predeterminada a ejercer cambios en tu actitud, implementada de forma minuciosa para alcanzar objetivos de índoles políticos y materialistas? ¿Qué pasa cuando somos estudiados con anticipación, para así poder crear un mensaje que de alguna manera estamos predispuestos a aceptar?
Es cierto que los medios de comunicación siempre han tenido una fuerza demoledora en la vida de sus “consumidores”, y el punto más alto en su influencia lo alcanzó durante la primera guerra mundial, en donde los mensajes políticos más conocidos como propaganda fueron distribuidos de manera masiva gracias a la prensa y la radio, con un mensaje agresivo dirigido a todos sin segmentación ni G.O. (grupo objetivo) alguno.
En 1920, después de la gran guerra, a esta influencia omnipotente que ejerció la propaganda bélica, se le estudio y se le llamo “Teoría de la Aguja Hipodérmica” y en el libro "Técnicas de Propaganda en la Guerra Mundial", de Harold Lasswell que vio luz en 1927 se ocuparon conclusiones cercanas a esta teoría.
Laswell afirma: “la propaganda, permite conseguir la adhesión de los ciudadanos a unos planes políticos determinados sin recurrir a la violencia, sino mediante la manipulación” [1]
Asimismo la “Aguja Hipodérmica” afirma que inyectado el mensaje en la sociedad los individuos harán caso inmediato a la información transmitida. Esto gracias al contexto vivido durante la guerra, en donde la propaganda principalmente alemana, alentaba el nacionalismo extremo y hacia un llamado potente a los ciudadanos, convenciéndolos de alistarse al ejercito. Estos viendo su nación afectada por una guerra y convencidos ciegamente de los ideales de su país, sin pensar se ven manipulados por el mensaje y hacen justamente lo transmitido por la propaganda.
Es en este punto donde empieza la evolución desde ambos lados. Los estudios realizados post teoría hipodérmica, convergen en que esta última ya no es viable, ya que su resultado solo se da bajo un contexto histórico y moral especifico.
Los “ataques” propagandísticos tienen que ser mas elaborados y estudiados, demográficamente y sicográficamente hablando, las masas son entes pensantes y como veremos más adelante, su pensar y su reaccionar depende de su contexto emocional, económico y social.
En la década de los cuarenta, y casi como forma de corrección a la teoría hipodérmica, que solo funciona en un contexto político/social/económico/bélico determinado, es creada la “Teoría de los efectos limitados”, la primera que plantea la sobre valoración de los medios de comunicación.
Si, claramente se reconoce un poder gigantesco de manipulación pero al mismo tiempo se aclara que este poder no es ilimitado y que cada individuo de acuerdo a sus estatus social económico y estilo de vida, interpreta según le convenga la publicidad y la información dada por los medios masivos de comunicación.
Las victimas, ósea nosotros, pensamos que tenemos poder por sobre la información publicitaria, por sobre esas necesidades banales e inexistentes, por sobre esos productos efímeros, por sobre esa sociedad materialista y creemos que tenemos poder de decisión.
¿Pero qué poder podríamos tener si todas nuestras decisiones están enfocadas en una góndola llena de superficialidad materialista puesta ahí predeterminadamente por los mismos medios comunicacionales? Logramos escapar de la manipulación total de nuestras mentes para llegar a manipulaciones específicas en específicos momentos de nuestras vidas.
Paul Lazarsfeld afirma en el libro “Los medios de comunicación de masas, el gesto popular y la acción social organizada” que: “Desde este punto de vista los medios de comunicación para las masas pueden incluirse entre los narcóticos sociales más directos y eficaces. Pueden ser tan eficaces que hasta impedirán que el drogado advierta su enfermedad” [2]
Esta última teoría no es la única que de alguna manera “desmerece” el poder de los M.C.M. Con la llegada del nazismo muchos intelectuales alemanes de origen judío tuvieron que arrancar hacia Estados Unidos, la mayoría pertenecientes a la escuela de Frankfurt (1923).
Ya establecidos en la nueva “tierra de las libertades” se unen al “Institute of Social Research” de New York (1950). Acá es donde ve la luz la “Teoría Crítica” postulada por Adorno, Max Horkheimer, Herbert Marcuse, Walter Benjamín y Jürgen Habermas. Esta teoría parte de la premisa de Marx: “Las ideas que dominan en una determinada sociedad, son las ideas que impone la clase dominante” [3]
La “teoría crítica” pone en el tapete el control de los medios de comunicación por parte de la burguesía, ya que estos lo único que hacen es agrandar e inflar el poder de la ideología dominante. En este contexto la distribución de ideas está en manos de los capitalistas y los problemas sociales de real importancia quedan en segundo plano para dejar la pista libre a la publicidad e información tergiversada en pro del crecimiento burgués.
Plantean que, debido al dominio burgués de la información, los márgenes que existen entre clases sociales están lejos de disminuir, y que sólo se cambiara esto cuando los medios sirvan de base para cambios sociales radicales.
Resumiendo el contexto histórico, estamos llegando a los años sesenta y la información entregada a las clases sociales medias y bajas esta totalmente dominada por la burguesía. Por otro lado estas, siendo el ente social de mayor poder económico, controlan los M.C.M. y, por ende, la información que les favorece.
La burguesía como clase elitista (económicamente hablando) marca una tendencia política y económica en pro del capitalismo y, dado esto, los problemas sociales de gran contingencia que marcaron los años sesenta fueron ocultados y minimizados.
Durante esta década, los movimientos sociales cobraron más fuerza que nunca; por fin las masas evolucionaron y de alguna manera lograban despertaron de ese sueño colectivo al que se veían inducidos por los medios. De esta manera nace la “Teoría de Usos y Gratificaciones”, primer paso ganador que logró el ser humano; o por lo menos eso es lo que pensábamos en esos años.
Esta teoría plantea que: “Cada individuo selecciona los estímulos a los que quiere responder, atendiendo a causas como sus valores, intereses y funciones sociales. Por tanto, más que ser los medios los que dicen al espectador que ver, son los usuarios de forma activa los que lo deciden, atendiendo a sus necesidades y a la gratificación que les proporcionen”
“Cuestiona la relación directa entre estímulo y respuesta, atendiendo al hecho de que cada uno de los destinatarios de un mismo mensaje, viene precedido por un contexto el cuál condiciona el efecto de dicho mensaje. Por tanto, no son solo los estímulos los que ponen en marcha el proceso comunicativo, sino los propios receptores al elegir el contenido e interpretarlo. Los estímulos generan unos efectos tan sólo si el individuo quiere responder a ellos.” [4]
Acá podemos concluir que cada individuo dependiendo de su estilo de vida, clase social, educación, contexto emocional, etc., va a responder de manera diferente ante un mismo spot publicitario o ante alguna información dada en la televisión, radio o prensa escrita.
Dependiendo de todos estos factores el “usuario o receptor” busca las gratificaciones que se pudieran sacar para satisfacer personalmente sus inquietudes y necesidades.
Para la audiencia hay 4 tipos de necesidades definidas.
• Integración a nivel social y personal: las relacionadas con el refuerzo de sus caracteres de su personalidad así como de sus relaciones personales.
• De evasión o escape: relacionadas con el deseo de diversión y entretenimiento
• Cognitivas: aquellas asociadas a todo lo que tiene que ver con informarse.
• Afectivas-estéticas: las relacionadas con el refuerzo de experiencias emocionales y de placer.
Es por esta razón que en esta década en especial, los movimientos y organizaciones sociales tomaron tanta importancia, ya que aferrándose a la poca información entregada acerca de los problemas que se vivían en esos años, lograron armar una tormenta en un vaso de agua.
Estos movimientos tuvieron su auge en Estados Unidos, dentro del contexto formado por la guerra fría. La sociedad enfrento “La crisis de los misiles” en 1962, la muerte de John F. Kennedy en 1963 producto de un atentado y, por sobre todo, tuvo que lidiar con la Guerra de Vietnam.
Así gracias a la influencia de escritores como Jack Kerouac, nace la contracultura en Estados Unidos, la famosa revolución hippie, el festival de música en Woodstock y una camada de nuevos artistas que acompañados por la premisa del “Do it Yourself” forman movimientos sociales que critican todo el orden establecido y ruegan por un mundo con paz y sin guerra (“Make love, not war”).
Es en este punto donde uno podría decir que las audiencias por fin habían despertado de esa amnesia colectiva inducida por el gobierno; ¿por qué no decirlo?, habían miles de personas protestando en contra del orden conocido y en pro de una ideología totalmente contraria al régimen gubernamental conversador de EE.UU. Era un indicio prometedor de que en alguna forma, estábamos evolucionando, estábamos siendo seres pensantes.
Lamentablemente, esto duro poco, las revoluciones sociales ejercidas en estos años fueron efímeras y lo peor de todo es que hoy en día son productos comerciales banales y del montón. Basura con precio vendida en esta sociedad materialista que triunfó por sobre la conciencia humanista. Hoy en día los medios de comunicación dominan todo y en ese entonces también lo hicieron, solo fue una chispa que de alguna manera encendió la esperanza de que algún día seríamos independientes, culturalmente originales y no estaríamos a la venta. En los años sesenta, en los años que tuvimos más relevancia, donde se vivió la revolución a flor de piel, es donde sufrimos nuestra mayor derrota y, a pesar de defender nuestros ideales a muerte, ahora son vendidos en centros comerciales.
La “Teoría de la Agenda Setting” postula que todo tema, ya sea social, económico, banal, cómico, o de cualquier índole, es puesto en el tapete de la opinión publica por los M.C.M. y si no es así, es porque no existe. Contemporáneamente, todavía se cree lo mismo.
Los engranajes están podridos desde el núcleo y ni los movimientos revolucionarios más importantes de la historia, como lo fue la revolución estudiantil del 68 en Francia o mejor conocida como “El Mayo Francés”, la guerra en contra del capitalismo liderada por Ernesto Guevara, la revolución hippie, entre otras, han podido limpiarlos ni engrasarlos para que las piezas giren y funcionen mejor.
Es en este punto donde convergen los derechos de libertad humana, los derechos de información independiente y autogestionada, tu derecho humano a pensar y concluir en base a tus propios argumentos.
La realidad está en las calles, no en la televisión ni en la prensa controlada por uno que otro partido político, la información está al alcance de todos nosotros, solo necesitamos romper la cadena con la que el sistema pretende domesticarnos para autogestionarnos y aprender a pensar individualmente.
El sistema está basado en una economía de mercado que domina el mundo y, por ende, (para ellos) nosotros somos audiencias, o sea, productos materiales con precio que significan lucro para sus bolsillos.
Nosotros somos seres pensantes, nosotros “SOMOS” para nosotros y para cada uno de los demás.
Nuestra misión es informar pero con fines sociales y comunes. Tenemos que destapar la realidad para así hacer valer nuestro derecho de ser humanos, personas y no productos comerciales.
[1] Harold Lasswell; "Técnicas de Propaganda en la Guerra Mundial"; (1927)
[2] Paul Lazarsfeld; “Los medios de comunicación de masas, el gesto popular y la acción social organizada”; (1948)
[3] C. Marx & F. Engels; “Oposición entre las concepciones materialistas e idealistas”; Primer capitulo de la ideología Alemana. (1845-1846)
[4] Katz, Blumler & Gunevitch; “Teoría de usos y gratificaciones” (1960)
(Texto aportado por Sebastian Lozano, de la revista de Combate Ideologico "Anagenesis")